Sistema de filtración, detalle

Una instalación de agua puede perder prestaciones mucho antes de que aparezca una avería evidente. La corrosión e incrustaciones en instalaciones de agua pueden reducir la sección útil de las tuberías, alterar el caudal, favorecer obstrucciones y acelerar el deterioro de algunos componentes. Cuando el agua está destinada al consumo, además, el estado de los materiales puede influir en su calidad si se liberan metales procedentes de tuberías y accesorios.

En redes con años de servicio, estos procesos pueden avanzar sin llamar demasiado la atención hasta que aparecen problemas de presión, pérdida de caudal o incidencias repetidas. Reparar el punto afectado no siempre resuelve lo que está ocurriendo en el conjunto de la instalación.

El problema no es el mismo dentro de una tubería

La corrosión deteriora el propio material de conducción. Las incrustaciones, en cambio, forman depósitos sobre las superficies interiores. Son procesos diferentes, aunque pueden aparecer juntos y terminar afectando al funcionamiento de una misma red.

Una acumulación importante de depósitos reduce el espacio disponible para el paso del agua. La corrosión puede debilitar los materiales y generar productos de corrosión que terminan circulando con el agua.

La composición del agua, la temperatura, los materiales utilizados, las condiciones hidráulicas y el tiempo de funcionamiento influyen en la evolución de ambos procesos. Por eso, dos tramos de una misma red pueden presentar un grado de deterioro diferente. En redes de agua de consumo, esta cuestión tiene además una dimensión relacionada con la calidad del agua. Determinadas condiciones pueden favorecer la liberación de metales desde los materiales de la instalación. El estado de la tubería deja entonces de ser solo una cuestión de mantenimiento.

El primer aviso suele aparecer en el punto de uso

Las señales pueden ser bastante discretas. Una reducción progresiva del caudal, diferencias de presión entre puntos o la aparición repetida de obstrucciones son algunos indicios que justifican revisar qué está ocurriendo en la red.

Cuando los depósitos ocupan parte de la sección interior, el efecto puede notarse primero en determinados puntos. Un tramo especialmente afectado puede provocar problemas en una zona concreta mientras otras partes de la instalación siguen funcionando con normalidad. También es frecuente que una reparación puntual devuelva el servicio sin resolver el origen. Si un componente vuelve a deteriorarse o aparecen incidencias similares en otros puntos, conviene dejar de mirar cada avería por separado y revisar el estado de la red.

La distribución de los problemas ofrece información útil. No es lo mismo una obstrucción aislada que varias incidencias repartidas por una misma zona o que aparecen de forma recurrente.

Materiales, agua y condiciones de funcionamiento

El material de las tuberías condiciona su comportamiento frente a la corrosión y al contacto prolongado con el agua. En una instalación pueden coexistir acero galvanizado, acero inoxidable, cobre y distintos materiales plásticos, especialmente cuando la red ha sido ampliada o modificada con el paso del tiempo.

La antigüedad tampoco basta para determinar el estado de una instalación. Una red con muchos años puede conservar unas condiciones aceptables, mientras que otra más reciente puede presentar problemas asociados al agua o a las condiciones en las que trabaja. La temperatura y el régimen de circulación también influyen. A ello se suman las características físico-químicas del agua y las condiciones particulares de cada tramo. Por eso, además de observar el material, interesa saber dónde aparece el deterioro y en qué circunstancias se produce. Esa información ayuda a diferenciar un problema localizado de una condición que afecta a buena parte de la red.

Antes de elegir un tratamiento, hay que saber qué está pasando

Una pérdida de caudal o una obstrucción no indican por sí solas qué intervención hace falta. Puede haber depósitos minerales, productos de corrosión, sedimentos o una combinación de varios factores. La revisión puede incluir el estado de las conducciones y componentes accesibles, la distribución de las incidencias, las condiciones de presión y caudal y las características del agua. El historial de mantenimiento también resulta útil, sobre todo cuando ya se han realizado sustituciones o reparaciones. Hay otro dato importante: saber si el deterioro está concentrado en un tramo o afecta a diferentes zonas. La respuesta no será la misma.

En una red extensa, esta distinción evita aplicar una solución general a un problema que quizá está localizado. También ayuda a decidir si tiene sentido actuar sobre el agua, sobre determinados elementos de la instalación o sobre ambos.

No todas las actuaciones sirven para lo mismo

Las medidas de control dependen de la causa y del estado de la instalación. Algunas buscan reducir las condiciones que favorecen la formación de depósitos o los procesos corrosivos; otras se dirigen a retener partículas y sedimentos presentes en el agua. La filtración puede ser útil cuando existe una necesidad concreta de retención de partículas. Su función no es eliminar depósitos que ya se han formado dentro de una tubería, por lo que no debe confundirse con un tratamiento contra las incrustaciones.

El acondicionamiento del agua responde a otra necesidad cuando determinadas características del suministro están relacionadas con la formación de depósitos o con procesos corrosivos. En estos casos, modificar esas condiciones puede ayudar a prevenir la evolución del problema. Tampoco es lo mismo prevenir que recuperar una instalación ya deteriorada. Si existen depósitos importantes o materiales afectados, la actuación deberá tener en cuenta el estado real de la red y no solo las características del agua de entrada.

En redes antiguas, reparar puede no ser suficiente

Cuando una instalación lleva años acumulando deterioro, suelen aparecer varias señales a la vez: depósitos, zonas de corrosión, componentes afectados y pérdidas de prestaciones que se han ido resolviendo mediante reparaciones puntuales. El historial de incidencias permite ver si existe un patrón. Si los problemas se repiten después de sustituir distintos elementos, merece la pena revisar qué tienen en común esos puntos. Tampoco todas las zonas necesitan necesariamente la misma intervención. Puede haber tramos en buen estado junto a otros donde el deterioro sea considerable.

Esta cuestión tiene especial importancia en instalaciones hospitalarias y otros edificios donde la red de agua debe mantenerse operativa y cualquier intervención tiene que planificarse con cuidado. Conocer el estado de cada zona permite ajustar mejor las actuaciones y evitar que una incidencia puntual termine generando problemas en otros puntos de servicio.

Corregir la avería no siempre corrige la causa

Una tubería obstruida, un componente deteriorado o una pérdida de presión pueden ser el resultado visible de un proceso que lleva tiempo desarrollándose. Sustituir el elemento afectado puede resolver la incidencia inmediata, pero las condiciones que provocaron el deterioro pueden seguir presentes.

Cuando la corrosión o las incrustaciones aparecen de forma recurrente, conviene valorar conjuntamente los materiales, las características del agua, las condiciones de funcionamiento y el historial de mantenimiento.

En instalaciones de cierta complejidad, esta revisión permite distinguir entre una actuación puntual y un tratamiento contra la corrosión o contra las incrustaciones orientado a evitar que el problema vuelva a reproducirse.

Alcora Salud Ambiental trabaja en este ámbito mediante servicios de acondicionamiento y gestión del agua, con tratamientos destinados a prevenir o disminuir los efectos de la corrosión y las incrustaciones. También dispone de soluciones de filtración de agua para distintas necesidades de tratamiento del agua.

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